Capítulo 5: El Desafío (2/2)
Ella se acercó a su abuelo y dijo:
—No lloraré más.
Mientras cenaban, el anciano contaba historias divertidas para distraerla. Esto llevó a que hablara de la madre muerta de Cui Ci. Se sentaron bajo una luz tenue, el abuelo tomó medio vaso de licor y se puso muy animado, regresando con ella al puente bajo la luna.
El viejo contó sobre la habilidad del padre de Cui Ci para cantar, también acerca de cómo su madre amaba las canciones. Explicaron a Cui Ci cómo su madre y su padre se conocieron y se enamoraron a través de la música.
—¿Y luego qué? —preguntó Cui Ci, con un respiro agitado.
—Lo más importante es que estas historias te pertenecen. Te hicieron quién eres hoy.
Cui Ci sentía las palabras del viejo y las llevaba a su corazón. Al cabo de una hora, el cielo se había cubierto de luna y un luciérnaga voló junto a ella. El ruiseñor cantó nuevamente.
—Abuelo, ¿por qué no vienes? —susurró Cui Ci con un tono lastimero.
El anciano en la barca escuchó estas palabras que sonaban como una mezcla de tristeza y desafío. Respondió:
—Cui Ci, vengo, vengo!
Pensaba internamente: Cui Ci, si te sucede algo sin mí...
Mientras el viejo regresaba a casa, la habitación estaba oscura excepto por la luz del fuego en la estufa. Cui Ci estaba sentada cerca de la estufa con las manos cubriendo sus ojos.
El anciano comprendió que Cui Ci había llorado durante mucho tiempo y le preguntó qué le había pasado, pero ella no respondió.
—No llores, hija mía —dijo el viejo—. Eres una mujer, y cualquier cosa que pase en la vida no te debe hacer llorar. Tienes que ser fuerte, resistente para vivir aquí.
Cui Ci movió sus manos de su cara, se sentó cerca del anciano y dijo:
—No lloraré más.
Ellos hablaron bajo la luz de la luna, compartiendo historias que trascendían el tiempo. Hablaron de la madre de Cui Ci, cómo ella era sabia y fuerte. Estas palabras llenaron a Cui Ci de admiración y respeto.
Mientras tanto, las luciérnagas volaban libres, cantando sus canciones en la oscuridad. El ruiseñor volvía a cantar:
—¡Cui Ci! ¿Por qué no vienes?