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Capítulo 28: Colisión (2/3)

—Sí. Un solo haz indica paz; dos, un aviso; tres, una invasión!
—¿Cómo se coordinan las direcciones? Quiero decir, ¿cómo informarían a los enemigos que vienen del lado izquierdo?
—No es necesario. El jefe planea todo. Las señales de alerta son lo más sencillo posible; las cosas complicadas solo se usan por escrito! —Hán Lín habló.
Ye Ziwen asintió. En una época primitiva, solo las cosas simples duraban más tiempo. Estas reglas habían sido probadas en el campo de batalla y no había necesidad de cuestionar su eficacia.
Sus métodos tenían sentido; lo simple era resistente y duradero, tanto hoy como en tiempos pasados. Al recordar la simplicidad, Ye Ziwen pensó con nostalgia en su vieja lupa de mala calidad que tenía una membrana roja, fabricada en Rusia. Cuando mostró esa lupa a sus amigos, fue ignorado por los verdaderos amantes del ocular.
Tras ser insultado cien veces, Ye Ziwen comprendió un consejo: las lentes militares nunca serían de membrana roja; si lo eran, solo significaba que alguien había sido engañado.
Ahora extrañaba mucho esa vieja lupa. Con ella, todo el campo de batalla se presentaría claramente ante él. Sin duda podría convertirla en un instrumento mágico como el ojo milagroso.
Cuando los soldados estaban fríos, solían no hablar y preferir comer algo. En una olla negra había té condimentado con manteca de cabra, sal y pan seco para untar; aunque no estaba delicioso, proporcionaba calor al cuerpo.
Desde lejos llegaba el sonido grave de los himenópteros; era la señal de alerta, un llamado a mantenerse en alerta. Se repetía cada media hora, junto con una gran columna de humo que se elevaba desde la llanura. Esa era la forma de prevenir ataques sorpresa. Los hombres de Qingtang y Xiá estaban siguiendo las normas, actuando de manera precisa y minuciosa; esta batalla decidiría su destino.
Aquí Ye Ziwen comprendió que los estrategias variadas no eran aplicables en la mayoría de las guerras. Las verdaderas batallas se libraban con armas y espadas; los ataques sorpresa, incendios, inundaciones... solo los débiles utilizaban esos métodos. Si se llevaban a cabo, o terminarían con éxito o fracasarían, el éxito causaría problemas a la contraparte, pero un fracaso significaba la destrucción total.
Con el progreso de la productividad social, ya no había grandes estrategas. La guerra era una disciplina integrada, y los conflictos entre naciones no se decidían en dos o tres batallas; ahora dependía de la fuerza del país, la valentía de sus soldados, y la amplitud de su territorio.
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