Capítulo 1247: Vanidoso (2/2)
Bai Xiumin, aunque sorprendido, no se opuso. Observó a la pequeña criatura, y sintió que la pequeña criatura era más inteligente de lo que había pensado.
Mientras observaba a la pequeña criatura, Bai Xiumin se dio cuenta de que estaba a punto de alcanzar el lugar que la pequeña criatura había elegido. Era un lugar donde había una pequeña cueva, y dentro de la cueva, había una pequeña piscina de agua.
"¡Pequeño espíritu, ten cuidado!" gritó Bai Xiumin, pero ya era demasiado tarde.
La pequeña criatura ya había llegado a la cueva, y el bote estaba a punto de chocar contra la pared de la cueva. Bai Xiumin reaccionó rápidamente, y sacó una mano para detener el bote.
El bote chocó contra la pared de la cueva, y la pequeña piscina de agua se rompió. Bai Xiumin, que estaba en el bote, fue arrastrado hacia la piscina de agua.
Cuando Bai Xiumin entró en el agua, sintió que la fuerza del agua le estaba ahogando. Intentó luchar, pero era demasiado tarde.
"¡Pequeño espíritu, ayúdame!" gritó Bai Xiumin, pero la pequeña criatura ya no respondía.
Bai Xiumin se hundió en el agua, y pronto perdió el conocimiento.
Cuando Bai Xiumin despertó, estaba en la orilla del agua. El sol brillaba en su cara, y el aire estaba fresco.
"¡Pequeño espíritu, soy yo, Bai Xiumin!" gritó Bai Xiumin, pero la pequeña criatura ya no respondía.
Bai Xiumin se dio cuenta de que la pequeña criatura ya no lo reconocía. Sintió una profunda tristeza, pero también una sensación de alivio.
Había sobrevivido, y había aprendido una lección. Había aprendido que no se podía confiar en nadie, y que siempre había que estar preparado para lo peor.
Bai Xiumin se levantó, y se dirigió hacia la pequeña cueva. En el interior de la cueva, vio una pequeña piscina de agua. La piscina de agua estaba llena de agua, y había una pequeña piedra en el fondo de la piscina.
Bai Xiumin recogió la piedra, y la metió en su bolsillo.
Cuando salió de la cueva, Bai Xiumin notó que la pequeña criatura ya no estaba. Sintió una profunda tristeza, pero también una sensación de alivio.
Había sobrevivido, y había aprendido una lección. Había aprendido que no se podía confiar en nadie, y que siempre había que estar preparado para lo peor.
Bai Xiumin se dirigió hacia el pueblo, y comenzó a contar su historia.