Capítulo 1239: Ese Año (1/2)
Este empujón hizo que Bai Xiaocun se sintiera como si hubiera sido despertado de un sueño profundo. Con los ojos abiertos, su alma parecía haber perdido todas las memorias que deberían existir, incluso olvidando quién era él mismo. La única sensación que tenía era frío...
El cielo estaba gris y despejado, con copos de nieve blancos caídos como pluma que cubrían el mundo visible, borrándolo en un estado borroso. Incluso las montañas distantes habían quedado blancas bajo esta capa de nieve.
En el bosque seco donde Bai Xiaocun estaba, los árboles aplastados por la nieve habían sido doblados o arrancados. Los pocos que aún permanecían eran como restos negros en el vasto paisaje blanco.
"Xiao Chen, ¡no duermas! ¡Despierta rápido…!" Su mirada era lúgubre y confundida. Se sentía como si hubiera soñado todo un mundo, donde recordaba cada detalle con claridad, pero al despertar, todo se había borrado.
Cualquier intento por recordar no traía resultado alguno. Parecía que la fría temperatura no solo había endurecido su cuerpo, sino también sus recuerdos.
Sin embargo… después de ser empujado varias veces, una figura con rostro pálido apareció ante él, llena de ansiedad. Su rostro estaba descolorido debido al frío.
Era un adolescente que apenas tenía trece o catorce años, delgado y herido en varias partes. Sus ropa estaba cubierta de sangre seca, pero su debilidad era evidente. Sin embargo, sus ojos eran memorables; parecían estrellas, con una determinación y dureza que no correspondía a su edad. Pero cuando miraba a Bai Xiaocun, la dureza en sus ojos desaparecía, reemplazada por un amor familiar y cálido.
"Hermano…", Bai Xiaocun abrió los labios para emitir un débil sonido. Esta era la única persona que recordaba, su hermano gemelo, Zhou Fan, que había crecido juntos bajo el mismo techo materno.
Después de esta declaración, una sensación de agotamiento se apoderó de él. El viento frío parecía ser demasiado para soportar, y la desolación del paisaje se sentía en su interior. A pesar de que era invierno y caían copos de nieve, el cielo también estaba lleno de insectos voladores.
Al acercarse más, vio que eran hormigas blancas; eran una especie de locustas blancas. Se movían en las ráfagas de viento, dejando un rastro de devastación por todas partes. Algunos refugiados cerca, con cuerpos delgados y apagados, parecían muertos vivientes.
El frío era tan intenso que nadie se atrevía a hacer fuego. La mirada de estos insectos, llenas de indiferencia, despertaron en Bai Xiaocun un temor profundo. Entendió que estas locustas no podrían ser eliminadas ni siquiera por el frío y que si encendieran un fuego, atraerían más. En la falta de alimentos, ellos podían convertirse en su propia comida.
Estas reflexiones llenaron su mente. Su cuerpo se volvió cada vez más débil al pensar en demasiadas cosas. Con una mano temblorosa, intentó levantarse y mirar su brazo delgado, como el de un niño de siete u ocho años. Sus ojos parecían no querer abrirse más.